Wander

En algún momento de nuestra infancia, muchos hemos soñado alguna vez con dar la vuelta al mundo, con recorrer países lejanos y conocer otras culturas.

En muchos casos todo se queda en una simple fantasía infantil pero en otros casos, la fantasía perdura a través de la juventud hasta que un día acabas de estudiar y encuentras trabajo, pareja, tienes hijos y allí termina el sueño, en el fondo del baúl de los proyectos para la jubilación. Es el momento de trabajar, formar una familia, pagar una casa… El camino parece claro y todo te empuja a que sea así…

Viviendo de esta forma se puede ser muy feliz y de hecho, nosotros lo somos. Hemos disfrutado de todos nuestros años de relación, hemos disfrutado con nuestras familias y sobre todo estamos disfrutando nuestros logros.

Pero no puedes evitar que el sueño siga ahí y cada vez que escuchas en algún programa de viajes la historia de una familia que ha partido en pos de se sueño piensas que quizá, solo quizá, algún día ese puedas ser tu y sea tu familia la que parta, y por un rato le das permiso a tu cabeza para fantasear con atardeceres tropicales o noches estrelladas en el desierto…

Y mientras pasan los días en tu incomoda zona de confort, de vez en cuando ese programa de radio te recuerda tu sueño y te hace creer por momentos que es posible. Fuera de esos momentos de lucidez, la rutina se va apoderando de ti hasta que un día durante unas vacaciones, hablando relajadamente alrededor de una bebida, sacas el tema y se lo planteas a tu novia muy tranquilo, fantaseando y estando seguro de que la cosa no va a ir mas allá…